El hijo del Corsario Rojo
El hijo del Corsario Rojo Un sargento de alabarderos, al oÃr la llamada, entró en el comedor.
—Elige diez hombres y reconoce el jardÃn del palacio. Acaso se encuentre allà todavÃa el corsario.
—En seguida, mi capitán —contestó el sargento, saliendo apresuradamente.
—Señora marquesa —continuó diciendo el jefe de la tropa, cuando se hallaron de nuevo solos—. He recibido la orden de visitar minuciosamente esta casa.
—Hacedlo, pues, capitán —contestó la hermosa dama—. Tengo, sin embargo, la seguridad de que no lo encontraréis en mi palacio.
—Y yo abrigo la certeza, señora, de poderlo descubrir en algún rincón —repuso el capitán—. De la ciudad no puede salir, porque todas las puertas están tomadas; embarcar, tampoco, porque los soldados vigilan el muelle y su barco se halla sitiado por galeones y carabelas. Ya es hora de acabar con los Ventimiglia, y ¡vive Dios! Nosotros los acabaremos. Señora, voy a visitar el palacio…