El hombre de fuego
El hombre de fuego —Desde hace cuatro dÃas.
—Entonces, ¿venÃs de muy lejos?
—La aldea en que residÃa está a siete jornadas de aquÃ, en medio de la selva.
—¿Y no volveréis a ella?
—Si; pero esperaré a que los eimuros se hayan ido más hacia el Sur. Espero que me acompañéis vosotros. Los tupinambás os recibirán bien si os presento yo, que soy un pyaie, o sea el hechicero de la tribu. ¿Qué vais a hacer solos y abandonados en esta inmensa selva? Un dÃa u otro irÃais a para a las parrillas de los eimuros o de los tupys, no menos antropófagos que los eimuros.
—Y los tupinambás, ¿no se comen a sus semejantes?
—Lo mismo que los otros; pero yendo conmigo no os pasará nada.
—Contadme vuestra historia, señor DÃaz; tengo gran curiosidad por conocerla.
—¡A vuestra disposición, señor Viana!