El hombre de fuego

El hombre de fuego

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Agrupábanse en gruesos cuadros constituidos por insonandras, árboles de que se extrae hoy la gutapercha; por bombonax, con cuyas hojas se fabrican magníficos sombreros de paja que tienen poco que envidiar a los de Panamá; de laranjus, cuyas flores perfuman el aire, y perseas, árboles hermosísimos, de la talla de nuestros perales, que producen frutas del tamaño de limones, llenos de una pulpa verdosa que rodea al hueso y de sabor desagradable, parecida a la manteca, y que algunos comen condimentada con sal, azúcar y vino de Jerez.

Había pocos pájaros en aquel bosque, que la espesura hacía muy húmedo y tenebroso; tanagros de plumas azules y vientre anaranjado, unos pocos cardenales de cabeza roja, y algún que otro papagayo de gran tamaño, que con toda la fuerza de su gaznate emitía sus molestos chillidos.

El marinero, que sabía orientarse sin necesidad de brújula, y que tenía piernas robustas, marchaba velozmente, sin desviarse nunca de su rumbo, sin titubear, poniendo a prueba las fuerzas de sus compañeros.

—¡Avancemos constantemente y sin detenernos, si queremos librarnos de los eimuros! —decía a cada momento—. ¡De esta manera he conseguido hasta ahora salvarme de sus garras!

—¡Nosotros no tenemos jarretes de acero! —le contestaba Alvaro—. ¡No hemos vivido quince años, como vos, entre los salvajes!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker