El hombre de fuego
El hombre de fuego Rápidamente, entre sÃ, cambiaron algunas palabras; después improvisaron con ramas dos parihuelas, en las cuales colocaron a los náufragos, sin que estos, rendidos por el excesivo cansancio y por la perdida de sangre, se despertasen.
Recogieron las armas y el barril de las municiones, que colocaron en otra parihuela, y volvieron hacia la selva, corriendo como locos.