El hombre de fuego
El hombre de fuego —No —les dijo—; acabaremos la operación en el islote. En vez de hacer ese trabajo, construid la almadÃa, pues serÃa peligroso encender fuego.
—He estado por cometer una imprudencia imperdonable —dijo Alvaro—. ¡SÃ, construyamos ante todo la almadÃa!
HabÃan cortado varios bambúes gruesos de los que crecÃan en la orilla, y ya tenÃan acoplada gran cantidad de bejucos, cuando resonó a cierta distancia un aullido lúgubre.
El marinero alzó la cabeza al oÃrlo.
—¿Alguna fiera? —preguntó Alvaro, disponiéndose a armar el arcabuz.
—Un guara —contestó el marinero.
—¿Qué animal es ése?
—Una especie de lobo.
—¿Peligroso?
—Para los hombres, no.
—Sin embargo, vuestro rostro revela inquietud.
—Es cierto. El guara sólo sale de noche de su guarida, y si huye es señal de que alguien viene persiguiéndole o ha espantado. ¡Vedle! ¡Huye a toda carrera!
Un animal del tamaño de un lobo de la Siberia, de cabeza larguÃsima, patas también muy largas, pelaje rojizo y con el dorso cubierto por una crin de tres o cuatro pulgadas de largo, salió de la selva dando grandÃsimos altos.