El León de Damasco
El León de Damasco BELLAQUERÍA TURCA
Muley-el-Kadel obligó a su corcel a dar un imponente salto y después aflojó las riendas para que efectuara una carrera, en tanto que Metiub permanecía en guardia, reteniendo inmóvil a su montura. El León de Damasco, luego de obligar al animal a caracolear un instante, oprimió las rodillas contra el cuerpo de la caballería y se precipitó contra su rival.
El coronel, a cincuenta pasos, presenciaba impertérrito el combate.
Por el reducto no apareció nadie, tal vez por temor a las culebrinas venecianas, cargadas de metralla hasta la boca y que enfocaban sus cañones en dirección a las ruinas. Por el contrario, miles de asediados, con el almete en la punta de la espada, se amontonaron en el bastión para contemplar el duelo.
Muley, confiando en su caballo, se arrojó impetuosamente contra Metiub, tal como dijimos, gritándole:
—Que te defienda tu Profeta, pues voy a matarte.
—No. Yo seré el que traspase a ti el corazón para vengar a mi señora.
—¿No es acaso tu señora esa que llaman la tigresa de Hussif?
—No me inmiscuyo jamás en los chismorreos de murmuradores y envidiosos.
