El León de Damasco
El León de Damasco LA PERSECUCIÓN DE LA CHALUPA
Ya habÃan avanzado muchas millas y se consideraban totalmente a salvo, cuando el griego, al volverse para examinar el mar en dirección a levante y distinguir un punto brillante que se mecÃa sobre las olas, soltó una maldición y cargó a toda prisa su arcabuz.
—¿Qué es?
—Que los cristianos parecemos destinados a ser vÃctimas de los turcos. FÃjate. ¿Ves?
—No estoy ciego. Pero ¿se trata de un farol o un fanal de galera?
—No es fanal de galera —respondió el griego, que miraba con gran atención—. ¿De dónde habrá surgido esa nave? Antes no nos seguÃa.
—Acaso se trate de un pacÃfico bergantÃn cargado con pasas de Chipre.
—No hay ninguno que ahora sea capaz de adentrarse en alta mar. Todos esos pequeños veleros descansan desde meses atrás en el fondo de la ensenada de Morea.
—¿Quizás nos habrá hecho seguir el bajá por alguna galeota, no confiando en el negro?
—No debe ser tampoco una galeota.
—Entonces, ¿qué?
—Una nave bastante más pequeña; un falucho.
—¿A qué distancia estaremos de Capso?
—A unas quince millas.
