El León de Damasco
El León de Damasco —En el hisar de Hussif se come siempre bien —repuso con tono brusco el capitán—. Ningún convidado ha tenido queja de la mesa de la sobrina del bajá.
—¿Han ido de pesca?
—Y han regresado con las redes repletas. Hay infinidad de peces en la ensenada y en especial son abundantes las ostras.
—Le gustan bastante a mi señor.
Sandiak le miró un momento recelosamente y le preguntó de improviso:
—¿Qué cargo ocupa tu señor en Constantinopla?
—Es un bajá de los más extraordinarios e influyentes. Ha luchado en Asia y en Austria, contra croatas y servios e incluso con los venecianos en el Adriático. Tiene un nombre famoso que algún dÃa conoceréis.
—¿Asà que es un notable guerrero?
—De mar y de tierra. No le hubiera mandado el sultán a no saber a qué hombre confiaba su encargo.
—Pero… ¿qué es lo que preocupa en Constantinopla? ¿Que se entregue el hisar a los venecianos?
—Los secretos de Estado no se propagan —repuso el socarrón albanés—. Nosotros veremos, observaremos, decidiremos y contaremos al sultán.
—¿Qué? ¿Y respecto a qué? —indagó el armenio.