El León de Damasco
El León de Damasco —Me he enterado de que todos los paÃses cristianos han decidido por fin asestar un golpe decisivo al poderÃo turco. España, Austria, el Papa y Génova están equipando sus naves para auxiliar a la SerenÃsima. De aquà a veinte o treinta dÃas espero que se adentrarán por el Adriático doscientas o trescientas naves y con ellas confÃo en que demos una adecuada lección a los mahometanos. Un hermano del muy poderoso Felipe II, e hijo natural del antiguo emperador Carlos V, parece ser que tendrá el mando de esta escuadra.
—¿Es valeroso y experto en cuestiones de mar?
—Según me han notificado, mucho.
—¡Oh! De todas maneras allà me encontraré yo[10].
Enfocó el catalejo en dirección a poniente y al cabo de un momento, dirigiéndose hacia el griego, inquirió:
—¿Cuántas galeras se aproximan, Nikola?
—Dieciocho, señor almirante. Mis ojos ven tan bien como vuestro tubo.
—¡Qué extraordinaria vista tenéis! Parece que tengáis un anteojo de estos en cada ojo.
—¿Es exactamente ese número?
—Exacto.
—En tal caso se trata de la flota de Alà Arab.
—He oÃdo elogiar la osadÃa de ese discÃpulo de AlÃ-Bajá.