El León de Damasco
El León de Damasco No fueron inadvertidos totalmente por Selim II los sospechosos movimientos, y acordándose de la audaz incursión del conde Morosini años antes frente a Constantinopla, no vaciló en reunir a sus almirantes: AlÃ-Bajá, siempre el primero; Petew Bajá, Visir Serasker, Aluch-AlÃ, el bajá Mahomet Sirocco y los crueles Glafer y Hassan, con el objeto de prepararse a detener el golpe que adivinaban, con su habitual bravura.
El primero en llegar fue AlÃ-Bajá, el cual al enterarse de la presencia de Veniero en Capso fue en su busca, pero por fortuna acudió con mucho retraso. Ya en varias ocasiones habÃan escapado por milagro de sus incursiones por las costas de Grecia, en Chipre y en CandÃa y el fiero corsario argelino habÃa jurado despellejar vivo al famoso marino, al igual que Mustafá desollara en Famagusta a Barbarigo.
Convencidos los mahometanos de que los sitiados de CandÃa, ya agotados por el hambre, sin casi municiones y totalmente desmoralizados por aquella prolongada campaña, nada podrÃan intentar contra los dos imponentes campamentos turcos (en cada uno de los cuales habÃa ciento setenta y cinco mil hombres), habÃan embarcado con premura sus culebrinas y grandes bombardas, pusieron rumbo al instante para Capso. La galera del bajá llevaba a Haradja, a Metiub y al hijo de la duquesa, que Alà no quiso dejar al cuidado de nadie.