El León de Damasco
El León de Damasco El mando supremo había sido confiado a don Juan de Austria hijo natural de Carlos V, joven de veinte años escasos, dominado por un gran entusiasmo, pero que desconocía por completo las cuestiones marítimas. Así lo había ordenado Felipe II y Venecia hubo de doblegarse, puesto que se hallaba agotada, en lugar de conferir el mando a un Veniero o a un Barbarigo: los dos marinos más famosos de aquel tiempo, hartos de combatir contra los mahometanos.
En consecuencia, se concentraron en Mesina setenta y tres galeras españolas, seis maltesas con numerosos caballeros de aquella valerosa Orden y después tres enviadas por el duque de Saboya. Posteriormente llegaron doce naves del Papa, a las órdenes de Marco Antonio Colonna, que tenía fama de ser un gran marino, y seis galeazas armadas con gran número de cañones que mandaba Venecia y encomendadas al proveedor Agustín Barbarigo, célebre capitán. Otros varios navíos fueron acudiendo y don Juan de Austria, que solo aguardaba el regreso de Veniero con sus ocho galeras tripuladas por gente acostumbrada a combatir contra los turcos, pudo contar con doscientas veinte velas.