El León de Damasco
El León de Damasco Las escuadras se reunieron sin entusiasmo, excepto por parte veneciana. Se limitaron a enviar algunas naves en dirección a Chipre bajo las órdenes del valeroso Veniero y luego retornaron a Italia, dejando al anciano almirante con solo sus ocho galeras.
Sin embargo, impresionados por las matanzas de Nicosia y Famagusta y después por la conquista de Canea y el asedio de Candía, los aliados terminaron por ponerse de acuerdo y pretender asestar un golpe final, incluso conociendo que la escuadra musulmana era muy poderosa y estaba al mando de un almirante, Alí-Baja, terror de todos los navegantes.
Hacia el 1 de septiembre de 1571, una formidable flota se encontraba reunida en el puerto de Mesina, esperando a Sebastián Veniero.
Muchos hubieran deseado que el mando de las fuerzas marítimas fuese confiado a alguno de los marinos más famosos y hábiles de aquel tiempo, genovés o veneciano. Pero la providencia destinaba esta gloria a un jefe hasta entonces desconocido y hoy inmortal, que respondió por completo a la confianza puesta por todas las naciones cristianas en su valor y pericia.