El León de Damasco

El León de Damasco

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»Mi galera, con su artillería, arcabuces y aros, no dejaba cruzar ningún turco desde la popa de la galera del bajá a su proa. Por eso tuvo oportunidad don Juan de entrar al abordaje y tomarla, muriendo el bajá en la lucha. Y puedo afirmar con verdad que de no haber sido por mí no habría podido tan fácilmente apoderarse de ella el generalísimo.

»Yo además combatía contra otras galeras, una a estribor y otra casi a popa, aunque con la mía las dominaba por ser más alta.

»Luego de dejar parte de los prisioneros turcos, bien encadenados, en mi galera, volví para auxiliar a la nave almirante española, siempre en continuo peligro.

»Duro fue el combate, puesto que duró más de tres horas».

Seguía la lista de muertos y heridos y acababa con el siguiente comentario:

«Por lo que les tengo más envidia que consideración, ya que murieron honrosamente por nuestra patria y por la fe de Jesucristo».

Enorme, extraordinario, fue el entusiasmo de los venecianos al conocer tan estruendosa victoria.

Se celebraron grandes fiestas, sobre todo por los mercaderes con el fin de festejar el acontecimiento, y en ellas estuvieron presentes la duquesa, Muley, el bajá de Damasco, Enzo, Mico y Nikola, instalados ya todos en el magnífico e inmenso palacio de Loredán.


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