El León de Damasco
El León de Damasco Una revuelta de jenízaros hizo que el generalísimo turco hubiera de suspender el asedio. Pero pocos meses más tarde se reanudaba con mayor tenacidad y violencia, gracias a la erección de nuevos fuertes.
Entretanto, el apático sultán Ibrahim murió asesinado por una conspiración palaciega y ocupó el trono Mohamed IV, que era todavía un niño. En principio se supuso que iba a terminar la guerra. Sin embargo, la madre del nuevo sultán, al informarse de que en un combate naval fueron muertos por los venecianos ochocientos turcos, remitió a Alí más galeras y guerreros.
Por mar la suerte sonrió a los turcos, aunque no por tierra, donde perdieron miles de vidas en la conquista de muy pocos pueblos del interior de la isla.
Candía, aunque circundada por un círculo de hierro que ya impedía a las galeras venecianas suministrarle armas, víveres y municiones, continuaba resistiendo con indomable energía. Los habitantes habían muerto casi todos de hambre y solo restaban unos escasos millares de defensores, exhaustos por el incesante batallar, debilitados por las enfermedades y la falta de alimentos.
Dos días más tarde la galera de Haradja, escoltada de continuo por las otras cincuenta, llegaba en el crepúsculo vespertino a Candía, puerto abarrotado de navíos mahometanos.