El León de Damasco
El León de Damasco —Es cierto. Pero admite que la sangre que tiene su madre es mejor todavÃa que la que corre por las quinientas mujeres del serrallo, que, excepto para el placer, no están capacitadas más que para asesinarse entre ellas o para fraguar complots y matar sultanes.
—¡Ah, tÃo! ¿Acaso esa guerrera cristiana que se hacia designar con el nombre de capitán Tormenta te ha sorbido el seso? ¿Va a resultar que estas enamorado?
—Nada de todo eso, Haradja. La he admirado sencillamente cuando, a pesar de ser mujer, combatÃa heroicamente y derrotaba, frente a frente, a su futuro esposo. Y bien sabes que Muley era considerado como la mejor cimitarra del ejército mahometano que cercaba a Famagusta. Pero vamos a cenar, y con el estomago debidamente lleno conversaremos mejor.