El León de Damasco
El León de Damasco Alà arrugó la frente.
—Lo que afirmas es muy grave. No desearÃa que le aconteciera alguna desgracia a mi sobrina.
—Tu sobrina, Bajá, posee una enorme serenidad, magnÃfica vista y musculatura de acero.
—¿Y tú serÃas capaz, si llega el momento, de enfrentarte al León de Damasco? Acuérdate que durante el cerco de Famagusta era la más terrible cimitarra del ejército mahometano.
—Ya lo sé; pero me considero con bastante coraje para retenerle y luchar con él incluso con armas cristianas.
—Si consigues salvar a mi sobrina, cuenta con quinientos cequÃes de oro.
—Una verdadera fortuna.
—Mi sobrina no tiene precio.
—¿Y en qué momento será el desafÃo?
—¡Cualquiera sabe! ¿Aceptarán? ¿Rehusarán?… Pero disponemos de la criatura para hacerlos salir de CandÃa y además estaremos todos preparados para salvar la situación en el instante crÃtico, si las cosas se presentaran mal.
—¿No confÃas en nuestra habilidad?
—¡Hum! Vais a tener delante dos espadas muy famosas, que mis mismos oficiales temerÃan. Ve a dormir. Ya se verá.