El León de Damasco
El León de Damasco La duquesa conocÃa aquella norma y amaba desde tiempo atrás al caballero turco. Lanzó un grito de espanto.
—Y tú, Muley —preguntó, tuteándole sin advertirlo—, ¿piensas acatar esta orden?
El guerrero hizo un gesto decidido con la cabeza.
—La vida es demasiado agradable junto a ti para que yo la cumpla. Reniego de la religión de mis padres y me convierto a la tuya. Llévame contigo a Italia, Leonor. A partir de este instante soy cristiano, y ya sabes cómo te amo.
Los esponsales se celebraron con gran solemnidad en el palacio de Loredán, en Venecia, y de aquel matrimonio nació un hijo, al que llamaron Enzo. Ya hemos comprobado que el rencor de Haradja los perseguÃa y que habÃa raptado a la criatura —aunque no consiguió hacerlos morir bajo el puñal de sus sicarios—, asà como que el pequeño se hallaba en la galera del Gran Almirante.
El anuncio de la inminente guerra hizo que los duques se trasladasen a CandÃa, con el objeto de vender a cualquier precio las extensas posesiones de los Éboli en la isla. Por desgracia, sin que hubieran podido ultimar la operación, e inopinadamente, los mahometanos cayeron sobre aquel territorio de Venecia con trescientas naves y cien mil guerreros, los cuales no tardaron en apoderarse de Canea y cercar estrechamente a la capital.