El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay LOS SALVAJES DE LAS PAMPAS
La última hora no había sonado aún para los aeronautas. El Océano, que parecía ansioso de tragarlos, debía haber quedado desengañado.
A cinco o seis millas de distancia había repentinamente aparecido una raya oscura que se perdía hacia el Norte y hacia el Sur. ¿Era una isla o era el continente americano? Eso era lo que por el momento ignoraban; pero los aeronautas no se preocupaban por esto; a ellos les bastaba encontrar un punto sólido en donde apoyar los pies; y nada más, lo demás, ya lo resolverían después.
El globo descendía continuamente, pero aún había objetos en la barquilla, y que en conjunto constituían un peso no indiferente. Por añadidura el viento continuaba soplando de Levante y le empujaba hacia aquella tierra bendita.
—Cardoso —dijo el maestro, que parecía rejuvenecido de diez años—; no nos ahogaremos. Dentro de una hora pondremos el pie en esa costa.
—Nos hemos escapado de buena, marinero —contestó el valiente muchacho—. Hace poco, no hubiera dado una piastra por mi pellejo.
