El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Se trataba de salvar la piel, marinero, y yo tengo mucho interés en conservarla. ¡Qué mala cara habrán puesto los indios al vemos subir tan rápidamente, cuando ya creÃan tenernos en la mano!
—Si llegan a cogernos, te aseguro que nos harán pagar la estratagema y nos costara sangre la muerte de su jefe. ¡Hijo mÃo, vaya una punterÃa que tienes! Has despachado al pobre salvaje como si fuera un pajarillo, y le has plantado la bala en la misma frente. ¡Eres un Bersagliere[4]!
—Se hace lo que se puede —respondió modestamente el muchacho.
—Y espero que habrá que repetir estos golpes si la mala suerte nos vuelve a llevar entre esta canalla.
—¿Crees que volveremos a encontrar otros indios?
—Si todos se han sublevado será cosa segura.
—¿Y continuarán persiguiéndonos esos que galopan allà abajo?
—Sin duda, pero pronto nos perderán de vista. El globo ha encontrado una corriente de aire rápida y volamos hacia el Sur a razón de sesenta millas por hora.
—Nos alejaremos entonces de los paÃses civilizados, marinero.
—Acaso sea mejor, visto que las fronteras de la Argentina están infestadas de indios.