El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Pero caeremos en manos de los patagones —dijo el agente del gobierno con desaliento.
—¿Acaso preferiría usted caer en manos de los argentinos, señor Calderón? —preguntó el maestro.
—Acaso.
—Pues, yo no.
El agente del gobierno se encogió de hombros y miró a otra parte, no sin hacer un gesto de despecho que no escapó a la observación de los dos marineros.
—A veces tiene este señor ideas estrambóticas —dijo Diego a Cardoso—. Sin embargo, debía interesarle que el tesoro no caiga en manos de nuestros enemigos.
—Si así no le acomoda que mande al globo que se dirija al Norte —dijo Cardoso—. ¿Y nuestros indios, dónde están?
—Han desaparecido, hijo mío. ¿No ves una cosa que brilla allí abajo, delante de nosotros?
—Sí, ¡mil diablos! Se diría que es una cinta de plata tirada por la llanura.
—Es un río.
—Verdad, Cardoso.
—Y se agranda rápidamente. ¿Qué río será?
—O el río Colorado, o el río Negro.
—Pero lo más probable es que sea el primero.