El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Apenas a quinientos pasos, pero…
—¿Qué ves?
—Me parece que alguien se acerca, porque veo la hierba moverse delante de nosotros.
—¿Hombre o animal?
—Es imposible saberlo porque lo oculta la hierba y además empieza a oscurecer.
—Baja y tomemos las armas. En este feo paÃs no se sabe nunca la sorpresa que nos acecha.
—¿Hay animales carnÃvoros?
—Hay caguarés y jaguares muy feroces.
Cardoso saltó al suelo y recogió la carabina mientras Diego montaba la suya.
A poca distancia se oÃa un roce, al cual, de vez en cuando se unÃa un tintineo como producido por el choque de monedas, o por el retemblar de espuelas.
—Es un hombre —dijo el maestro.
—¿Quién podrá ser?
—Algún habitante del rancho, que sin duda ha presenciado nuestra voltereta y viene a buscamos.
—¡Silencio!… Aquà está.