El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Tenga usted cuidado porque el presidente cuenta con esos millones.
—Ya le serán entregados.
—Pero ¿de qué modo?
—¡Maquinista! —gritó el capitán en lugar de contestar al agente—. ¡Avante! ¡Y, vosotros, muchachos, preparad los fusiles y armaos de valor! Dentro de poco hará aquà mucho calor.
—¡Señor! —dijo el agente, que se habÃa puesto pálido.
—¿Qué desea usted? —preguntó irónicamente el capitán.
—Yo soy el agente del gobierno.
—Y yo soy el capitán del «Pilcomayo», y en este momento, a bordo de mi barco mando yo, después de Dios. ¿Me ha entendido usted, señor? ¿Quiere usted que le dé un consejo? Métase usted en su camarote y no salga usted hasta que concluya el combate, porque dentro de poco hablará el cañón. Aquà no nos queda más que forzar la desembocadura del RÃo de la Plata y correr. Las balas caerán como granizo y los agentes del gobierna no entienden de estas cosas y no las pueden evitar. Váyase, señor, si le parece bien.
Y dicho esto volvió la espalda al señor Calderón que se mordÃa los labios hasta hacerse sangre y volvió a subir al puente de mando con el portavoz en la mano.