El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Casi al mismo tiempo una cinta de fuego se levantó en medio del mar, a dos kilómetros por la popa del «Pilcomayo» y subió a trescientos metros de altura esparciendo a su alrededor mirÃadas de chispas de colores.
Poco después otra cinta, pero apenas visible, hendÃa las tinieblas hacia el Oeste para apagarse en seguida.
—Está bien —dijo frÃamente el capitán que habÃa observado con viva atención aquellas señales que nada bueno pronosticaban—. Los buques responden desde la costa y se comunican mutuamente la alarma. Se me esperaba y se preparan a recibirme. ¡Ya lo veremos!
Sacó el reloj y miró: eran las dos de la madrugada.
—¡Ingeniero! —gritó—. ¡Avante a toda máquina y que Dios nos proteja!