El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Llegado al centro del campamento, el soberbio jinete salta a tierra con agilidad sorprendente para un hombre de tanta estatura, y volviéndose hacia los hombres que en el acto le han rodeado, pregunta con voz tan potente que podrÃa oÃrse a un kilómetro de distancia:
—¿Está preparada la tienda?
—SÃ, jefe —responden los interrogados.
—Vengan el caballo y el muchacho.
—¿Y el hechicero, no viene? —preguntan los guerreros con cierta ansiedad.
El jefe arruga la frente y traza en el aire algunos signos, diciendo con voz triste:
—Gualisciú ha vencido al genio del bien y ha matado al hechicero.
—¿Ha muerto?
—Una serpiente le ha picado junto a los toldos del jefe Akuwa y el pobre hombre ha muerto en menos tiempo que se tarda en lanzar una bola.
——Mal presagio para tu hijo, ¡oh, jefe! —dice un guerrero.
—Todo está en las manos de Vitamentrú —respondió el gigante moviendo la cabeza—. ¡Vamos! Venga el caballo y el muchacho y celébrese la ceremonia.
—¿Sin hechicero?