El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —La hora ha llegado, mujer —le dice el jefe, que se mantiene erguido junto al caballo—. ¿Está, terminada la pintura?
—Idiscié no desea otra cosa que convertirse en un pequeño guerrero —responde la mujer.
—Condúcelo, pues.
La mujer vuelve a entrar en la tienda y poco después sale, trayendo consigo a un niño de cuatro años, pero que, por te estatura, parecÃa de ocho, vestido como el jefe, pero horriblemente pintado de rojo, negro y blanco. Su rostro parece una máscara repulsiva; la parte inferior, comprendida entre los ojos y la boca, pintada de rojo, debajo de los párpados inferiores lleva dos medias lunas negras, brillantes, como de un dedo de anchas, y sobre los ojos otras dos medias lunas blancas.
El contempla al rapazuelo con cierto orgullo, después lo toma y lo coloca sobre el caballo, mientras algunos guerreros redoblan furiosamente los tambores de piel y tocan desesperadamente unas flautas hechas con huesos que se hubiera jurado son tibias humanas.
Tomando un hueso fino y afilado que la mujer le presenta, después de trazar en el aire algunos signos extraños y murmurar unas misteriosas palabras, con un golpe rápido horada las orejas del muchacho, metiendo por los agujeros dos pequeños pedazos de metal, destinados a conservar y agrandar la perforación practicarla.