El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Pero el globo, que debía estar, medio vacío a juzgar por los innumerables pliegue que caían todo alrededor, descendía constantemente, con unos cabeceos fortísimos y parecía que en algunos momentos fuese a tumbarse, a causa, sin duda, del peso de aquel hombre que se sostenía como incrustado en la red. Bien pronto llegó a sólo cuatro metros de altura, rozando con el apéndice inferior las copas de algunos arbustos de huignal, cargados de grandes bayas. El hijo de la luna, que ahora se encontraba en la imposibilidad de escapa» a la persecución de los patagones, desenredó las piernas que tenia metidas entre las mallas de la red y se dejó caer a tierra, hundiéndose entre el follaje.
El globo, librándose de aquel peso importante, dio un inmenso salto en el aire y encontrada una corriente contraria, escapó hacia el Norte, perseguido por la mayor parte de los jinetes que no querían dejar perder la luna.
El jefe patagón, tirándose rápidamente al suelo se arrojó en medio de la maleza, exclamando:
—¡Padre! ¡Oh, gran padre!
El supuesto hijo de la luna, después de aquella magnífica voltereta, se había, con listeza, levantado empuñando un par de pistolas que apuntó contra el jefe, diciéndole con vez seca y amenazadora:
—¿Vienes como amigo o como enemigo?