El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Hermoso porvenir, en verdad! —murmuró entre dientes el señor Calderón—. ¡Bah! Durará lo que dure.
Después, volviéndose bruscamente al jefe, le dijo:
—¿Has encontrado algunos hombres blancos?
—Vengo del Sur y no he visto más que hombres rojos.
—Necesito a esos hombres, jefe.
—¿Quiénes son?
—Hijos de la luna, como yo.
—¿Dónde se encuentran?
—Han marchado hacia el Norte.
—¿Son poderosos?
—Tanto, o más que yo.
—¡Uf! —dijo el jefe—. Mi tribu será la más poderosa y la más feliz de La tierra de los tehuls. Esos hombres serán buscados en cuanto los mÃos estén de retorno con la luna.
—La luna no se dejará prender, jefe.
—¿Por qué?
—Porque se volverá al cielo para iluminar la tierra de los tehuls.
—Muy bien. Ahora que has descansado, es necesario que vengas conmigo.
—¿Adónde me llevas?
—Ya lo sabrás más tarde.