El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Ah, bribones! —exclamó el maestro largando una poderosa patada al salvaje más cercano—. ¿Creéis que somos salchichas para atamos de este modo? ¡Horribles paganos, si tuviese todavÃa mi carabina ya os enseñarÃa yo a tratar mejor a las personas que no se meten con nadie!
—Marinero, te esfuerzas inútilmente —dijo Cardoso.
—Déjame que me desahogue mientras tenga lengua, hijo mÃo… ¡Toma! ¿Qué pasa ahora? ¿También esas malditas brujas las toman con nosotros? ¡Oh, qué baraúnda!
Unas cuarenta mujeres, altas como granaderos, se acercaban a los desgraciados prisioneros, aullando cuanto les permitÃan sus gaznates.
—¡Mueran los cristianos!
—¿Somos nosotros esos cristianos? —preguntó Cardoso, que no parecÃa muy impresionado aunque la situación, no tuviera nada de envidiable.
—Precisamente, Cardoso. Estos paganos dan ese nombre a, todos los españoles, o por mejor decir, a todos los hombres de raza blanca.
—Pero ¿qué quieren, esas mujeronas?
—Divertirse a costa nuestra, sin duda.