El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —En pocas palabras te lo diré. En bastantes rÃos de América del Sur y entre ellos en el de la Plata, aunque solamente en algunos sitios, hay unos pececillos de diez centÃmetros de largo a lo más, con piel azulada en la parle superior y moteada de pintas rojizas en la inferior, y armado de dientes triangulares en unas mandÃbulas tan poderosas que pueden triturar hasta un pedazo de hierro. Estos pececillos están dotados de espantosa voracidad. Basta que un caballo entre en un rÃo poblado por ellos, para que se arrojen todos sobre el desgraciado animal, horadándolo los flancos y devorándole las vÃsceras con espantosa rapidez, por lo que se les ha puesto el nombre de mondongueras, que quiere decir «comedores de intestinos».
—¿Y se limitan a devorar las tripas?
—¡Ca! Devoran también la carne, y con tal furor que en diez minutos reducen a un hombre al estado de limpio esqueleto, no dejándole ni siquiera un pedazo de pellejo, ni el más pequeño tendón.
—Asà que nos veremos comidos vivos —dijo Cardoso palideciendo.
—A menos que alguien venga en nuestro socorro.
—¿Cuentas con alguien?
—No cuento más que con un milagro.
—¡Hum! Los milagros son muy raros en estos tiempos, marinero.