El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Asà parece que sea —respondió Cardoso—. ¡Toma! ¿Otro hechicero?
Un patagón que llevaba al cuello amuletos de dientes de fieras y vértebras de serpientes y en la cabeza un gran penacho de plumas de varios colores, se acercaba a ellos, llevando en la mano una extraña herramienta que parecÃa un cuchillo mellado, más ancho en la punta que hacia la empuñadura.
A una señal suya los guerreros quitaron a los marineros los zapatos y los pantalones, dejando al desnudo los pies. El maestro dio un grito de furor, y con un poderoso pero inútil tirón, intentó librarse de las manos que le clavaban en él suelo.
—¡Bandidos! —exclamó.
—¿Qué va a pasar, Diego? —preguntó Cardoso, que se habÃa puesto pálido—. ¿Nos van a cortar los pies?
—No, pero nos impedirán escapar, como si careciéramos de ellos. ¡Ah! ¡Era de esperar esta jugarreta de estos paganos!
—Señor Calderón —dijo Cardoso con voz suplicante—, venga usted en nuestro auxilio.
El agente del gobierno, en vez de responder, señaló a sus propios pies y luego se encogió de hombros, como indicando que no podÃa hacer nada.