El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay En tanto el nuevo hechicero afilaba su cuchillo en un pedazo de piedra arenisca, probando de cuando en cuando el filo, como para asegurarse de que estaba lo cortante que necesitaba.
—Va perfectamente —dijo, cuando le pareció adecuado—. Venga el pie.
—¡Asà te dé un accidente! —gritó el maestro, y no pudiendo moverse escupió al hechicero.
Dos guerreros asieron la pierna derecha de Cardoso y la levantaron. El desgraciado, no sabiendo todavÃa de lo que se trataba, a pesar de su extraordinario valor, palideció horriblemente y dio un grito.
—Aguántate, hijo mÃo —dijo el maestro, que, no obstante, estaba vivamente impresionado—. Se trata de una sencilla incisión.
El hechicero aferró bruscamente el pie del muchacho y practicó en la planta una ligera incisión, pero que penetraba en el tejido muscular y que se extendÃa desde el dedo gordo al talón. El dolor fue tan leve que Cardoso ni siquiera suspiró…
—Ya está —dijo el maestro, que seguÃa con ansiedad la extraña operación—. ¿Te han hecho daño, hijo mÃo?
—No —respondió Cardoso—. He sentido asà como una ligerÃsima quemadura.
—Entonces, a mà ahora.