El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Presentó espontáneamente el pie y el hechicero le hizo una incisión igual. En seguida los dos prisioneros fueron dejados en libertad.
—Pero ¿por qué nos han hecho esta señal? —dijo Cardoso, que se miraba el pie.
—Para impedirÃas huir —respondió el maestro, que se habÃa puesto en pie al momento.
—¿De qué modo? Porque veo que camino bastante bien, marinero.
—SÃ; pero no podrÃas hacer una jornada un poco larga, porque bien pronto se te inflamarÃa el pie y te dolerÃa tanto que te obligarÃa a pararte.
—¿No se cierra nunca la herida?
—SÃ; porque aquel maldito hechicero tendrá cuidado de mantenerla siempre abierta. Cada mañana vendrá a examinar nuestros pies y volverá a abrir las heridas con ese cuchillo que tú has visto.
—¿Y el señor Calderón? ¿No habrá sufrido la operación?
—Hace poco he visto que caminaba cojeando.
—Asà que ninguno de nosotros podrá escapar.
—¡Bah! Ya saldremos de ésta, hijo mÃo, te lo aseguro, y si no podemos hacerlo a pie lo haremos a caballo. ¡Qué demonio! ¿Para qué hay, si no, tantos caballos aquÃ? Deja que madure el proyecto que estoy maquinando y ya verás.