El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Un guerrero se acercó a ellos en aquel momento y les ordenó que le siguieran. El marinero y Cardoso le acompañaron cojeando hasta delante de una tienda que parecÃa de las más grandes y mejores.
—Entrad —dijo el guerrero—. Es el regalo del jefe.
—Por fin tenemos casa —dijo el maestro alegremente.
—No nos falta ya más que una buena sopa —dijo Cardoso.
—Ya llegará, hijo mÃo.
Y, en efecto, no tardó en llegar. No era precisamente una sopa, sino alguna cosa mejor, porque les llevaron un buen pedazo de carne de caballo asada, de la que trascendÃa un aroma apetitoso, en unión de una cantidad de goma bolax y médula de huesos.
Los dos marineros, que se morÃan de hambre, asaltaron bravamente aquella vianda substanciosa, y luego envolviéndose en las mantas encontradas en la tienda, se durmieron sin ocuparse más del señor Calderón ni de los patagones.