El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Pero nosotros estamos en un paÃs habitado únicamente por indios, y alejado de las fronteras.
—Puede ser algún gaucho impelido hacia el Sur por las correrÃas de los pampas… ¡Ah!
—¿Qué ocurre, marinero?
—¿No será?…
—¿Quién?
—¡Uno de nuestros gauchos! ¿Y por qué no? Eran dos, bien montados y bien armados, y uno, si no los dos, puede haber escapado a la persecución de los patagones.
—Pero serÃa preciso que nos hubiera seguido y espiado.
—Pueden haberse escondido en un bosque; en éste, por ejemplo.
—Entonces, ¿para qué habrá disparado?
—Para avisarnos de su presencia.
—¡Marinero! —exclamó Cardoso, impresionado hondamente por la exactitud de aquel razonamiento.
—Hijo mÃo, yo estoy convencido de que nuestros fieles amigos velan por nuestra liberación.
—¡Oh, si asà fuese! ¿Cómo podrÃamos asegurarnos de que no han muerto?
—Interrogando a los patagones.
—Pero podrÃan sospechar…