El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay La cabalgata atravesó a galope el bosque, que dejaba aquà y allá anchos pasajes, y desembocó en la gran pradera que se extendÃa basta perderse de vista en dirección al Norte.
Un bulto indeciso que parecÃa la forma de un hombre a caballo, se alejaba rápidamente hacia el Norte, medio tapado por los grandes cardos. Estaba ya tan lejos, que el maestro y Cardoso, a pesar de poseer una vista que competÃa con los más potentes anteojos, no consiguieron divisarle.
Hauka se convenció de que habÃa llegado tarde para alcanzarle, especialmente con los caballos que poseÃa, los cuales estaban, cuál más, cuál menos, bastante cansados; no obstante, dio orden a una docena de guerreros, que parecÃan mejor mentados, de que persiguiesen al fugitivo que ahora estaba reducido a una pequeña mancha negras, apenas distinguible sobre la verde pradera.
—Tiempo perdido, queridos mÃos —dijo el maestro que habÃa quedado con el jefe que habÃa vuelto a emprender el camino del rÃo.
—¿No será un indio ese hombre que huye? —dijo Cardoso.
—Dudo de que sea tal, porque no hubiera huido en cuanto ha vislumbrado a los patagones.
—¿Crees que sea un blanco?
—Estoy casi seguro de que sÃ.