El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Le repito a usted que la libertad está próxima —dijo el maestro—. El hombre que ha hecho el disparo de fusil, es uno de nuestros gauchos.
—No se arriesgará a volver.
—Volverá, señor Calderón.
—Mejor para vosotros —respondió el agente, encogiéndose de hombros y espoleando vivamente al caballo para acercarse al jefe.
—Nunca concluiré de entender a este hombre —murmuró el maestro, volviéndose a Cardoso—. No importa; me basta con saber que uno de nuestros amigos está todavÃa vivo y nos sigue.
—¿Y qué haremos entre tanto? —preguntó el muchacho.
—Estaremos al cuidado, y a la primera coyuntura dejaremos plantados a los paganos y a sus aliados. Una voz interior me dice que el gaucho nos dará noticias suyas y yo creo en los presentimientos, niño de mi corazón.
HabÃan entonces llegado a la margen del rÃo Negro que estaba abarrotada de personas, llegadas del campamento, viejos, mujeres y chicos, conduciendo con ellos caballos cargados con tiendas plegadas, mantas y efectos de todas clases y grandes provisiones de charqui (carne desecada).