El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay En el mismo instante los centinelas gritaron:
—¡A las armas, tehuls!
Por la oscura llanura se veÃan correr bultos que adelantaban en el mayor desorden, llevando en alto puntos luminosos que parecÃan antorchas ardientes, y en el silencio de la noche se oÃan formidables mugidos que parecÃan emitidos por una inmensa manada de toros, aterrorizados y furiosos. Detrás de aquellas sombras, la vista aguzada del maestro distinguió a un hombre a caballo, el cual, de cuando en cuando, descargaba tiros contra el centro de la piara, produciendo detonaciones formidables.
Los patagones, despertando sobresaltados por los gritos de los centinelas y por aquel tiroteo que parecÃa producido por escopetas y carabinas, se pusieron listamente en pie con las armas en la mano presas de vivo terror que la voz del jefe no conseguÃa apaciguar.
Algunos más valerosos se adelantaron al frente del campamento para protegerle de aquel extraño asalto, pero la mayorÃa acudió a los caballos, los cuales relinchaban fuertemente y se encabritaban, intentando romper los ramales y escapar. Pero faltó tiempo.
Un centenar de toros, enfurecidos por unos haces de leña que ardÃan atados a sus cuernos, irrumpieron furiosamente en el vivac, lanzando terribles mugidos y arremetiendo con la cabeza baja contra hombres y caballos.