El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿Y Ramón solo habrá podido azuzar u esos toros furiosos?
—Sin duda, hijo mÃo, intenta destruir, o al menos disminuir la banda de indÃgenas, para libertarnos.
—Pero ¿cómo se las habrá arreglado para echarnos encima a tantos animales?
—Tú sabes que los gauchos no tienen igual en el manejo del lazo. Probablemente Ramón ha conseguido reunir a todos aquellos animales pertenecientes acaso a los grandes rebaños fugitivos de las estancias del Norte, enfureciéndolos después con el fuego colocado entre sus astas, y acaso con el guegued, que es una planta cuyo jugo enfurece a los animales.
—¿Y volverá?
—Estoy seguro de ello.
—Es necesario dormir con un ojo solamente para estar preparados.
—Mejor será no dormir de ningún modo. Velaremos por turno.
—¿Intentará otro golpe?
—Eso es seguro, Cardoso. Vamos a ver los hombres de la vanguardia que hayan quedado en pie.
—Hauka está vivo, porque le oigo gritar; debe estar furioso.
—Que el diablo se lo lleve.
—¿Y el señor Calderón?