El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay La tropa entró en el campamento, rendidos les jinetes por la larga carrera. Los caballos venÃan cubiertos de espuma y sudaban como si hubieran recorrido diez leguas al galope.
Hauka, de pésimo humor por el fracaso de la persecución, dio a los recién llegados orden de acampar y proceder al enterramiento de los cadáveres para sustraerlos a los dientes de los jaguares y de los caguarés.
Sirviéndose de los cuchillos y de las lanzas, los patagones excavaron algunas fosas, contiguas unas a otras, y metieron dentro los cadáveres, con las piernas dobladas de modo que las rodillas daban en la barba y los talones en la parte extrema de las nalgas. Si no hubiesen tenido el tiempo muy contado aquellos salvajes, que profesan gran respeto a sus muertos, no hubieran dejado de rematar los funerales con sacrificios que consisten generalmente en la matanza de los caballos pertenecientes a los difuntos; pero en esta ocasión los caballos eran bastante preciosos para tal derroche.
—Hacen las cosas muy ligeramente —dijo Diego que habÃa asistido a la ceremonia en unión de Cardoso—. Se ve que el jefe no quiere perder el tiempo.
—¿Qué hacen en tiempo de paz? —preguntó el muchacho.