El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Hauka estaba bastante cerca para servirse de la bola perdida. Sujetando la correa entre los dedos, hizo zumbar la bola en el aire dos o tres veces y la soltó con ímpetu irresistible.
Se oyó un golpe sordo, y el centinela, herido en la cabeza, se desplomó pesadamente al suelo dando un grito terrible y desgarrador.
—¡Adelante, tehuls! —tronó el jefe, espoleando su caballo.
Todos los patagones, que solamente esperaban esta señal, recogieron las bridas y se lanzaron contra los furgones, lanza en ristre para traspasar a los enemigos que intentasen la fuga.
Pero el grito del centinela moribundo había sido oído por los acampados. En un relámpago los argentinos estuvieron en pie, empuñando las armas, y una violentísima descarga partió de lo alto de los furgones, tumbando por tierra a tres o cuatro caballos y a otros tantos jinete.
Los patagones, que creían caer sobre los hombres que dormían y que no esperaban tan vigorosa defensa, volvieron bridas y se dispersaron por la pradera, dando gritos de furor y dolor, saludados por una descarga de carabinas que hizo caer a dos o tres caballos. El mismo Hauka volvió la espalda buscando refugio entre los matorrales.