El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Algunos hombres, los menos fuertes, ya se tambaleaban y daban bandazos «como un barco en medio de la tempestad», según la gráfica frase del maestro, y los otros comenzaban a exaltarse. Hauka, que habÃa resistido victoriosamente a todos los esfuerzos de los compañeros, habÃa caÃdo y no parecÃa capaz ya dé mover ni brazos ni piernas, de borracho que estaba.
—Va uno —dijo el maestro—, que ya no se moverá en veinticuatro horas.
—Van idos —dijo Cardoso—. Allà hay otro que se ha desplomado como atacado por un sÃncope.
—Señal de que el aguardiente era de calidad excelente.
—¿No habrá peligro de que se vuelvan furiosos?
—Tanto peor para ellos si la quieren tomar con nosotros. He encontrado los paquetes de cartuchos que Hauka nos quitó cuando nos hizo prisioneros y con ellos podemos mandar al infierno a todos esos borrachos.
—¡Y van cuatro!…
En efecto, otros dos patagones habÃan rodado por el suelo como si estuvieran muertos. Los otros continuaron metiendo las manos en los barriles, pero no podÃan más y se mantenÃan en pie por privilegio de un difÃcil equilibrio.