El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Todos parecían frenéticos, se golpeaban, se empujaban furiosamente para ser los primeros en sumergir las manos en la fuerte bebida, cuyas emanaciones alcohólicas se expandían en torno excitando a los que se hallaban los últimos y que temían llegar tarde. Hauka, que no parecía menos exaltado, ni menos ansioso, se había agarrado a un barril y resistía enérgicamente a los esfuerzos de aquellos que intentaban sacarle de allí para ocupar su puesto.
Cardoso y el maestro, sentados en el suelo, a corta distancia, con las carabinas entre las rodillas, para estar preparados a todo, sabiendo bien que de salvajes borrachos se puede temer todo, seguían con viva atención la lucha de aquellos bebedores. Detrás de ellos estaba el señor Calderón, el cual, según su costumbre, parecía que fuese completamente extraño a cuanto ocurría a su alrededor.
Los bebedores debían tener unos estómagos sin fondo y poseer una resistencia incalculable, porque a despecho de los largos y fuertes tragos no daban señal de perder el sentido y volvían a beber con nuevos bríos. Poco a poco, sin embargo, aquella sed empezó a calmarse.