El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Encendida la mezcla, el borracho se tumbó sobre el viento y dio siete u ocho chupadas, aspirando el humo y arrojándolo unos minutos después por las narices, todo dé una vez. Entonces en aquel hombre se operó un extraño fenómeno. La pipa cayó de sus manos, los ojos se le desorbitaron, mostrando solamente lo blanco, las fuerzas le abandonaron repentinamente y volvió a caer tendido cuan largo era, agitando convulsivamente los miembros, resoplando fuertemente y echando por la boca semiabierta largos hilos de saliva.
—¿Está ebrio? —preguntó Cardoso.
—Tú lo has dicho —respondió el maestro sonriendo.
—¿Y tú me aseguras que este hombre se divierte?
—Asà debe de ser, porque los patagones fuman casi siempre de modo y dicen que hasta su dios ha participado de este extraño placer; por eso antes de fumar le ofrecen unas bocanadas y una plegaria.
—¿Y duran mucho esas convulsiones?
—Pocos minutos, porque ordinariamente los compañeros de los fumadores las combaten a fuerza de sorbos de agua.
Entretanto, siete u ocho bebedores borrachos perdidos se desplomaron a tierra. El maestro, que no perdÃa de vista a los salvajes, se puso en pie bruscamente.