El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Cardoso —dijo—, la hora de la libertad ha sonado. Dentro de unos minutos ninguno de esos hombres podrá tenerse en pie y lo menos en doce horas, Hauka no estará en estado de notar nuestra desaparición. ¡Huyamos!
—Estoy pronto a seguirte, marinero —respondió Cardoso, saltando en pie con la carabina en la mano.
—Ve a preparar tres caballos y tráelos detrás de los furgones.
—¿Viene con nosotros Calderón?
—Si se quiere quedar aquÃ, él se las arreglará. Por mi parte, me alegrarÃa.
—¿,Y adónde huiremos?
—Hacia la frontera de Chile.
—¡Mil rayos!
—¿Y Ramón?
—No podernos abandonarle.
—Le buscaremos.
—¿Y dónde?
—No debe de estar muy lejos y será fácil encontrarle.
—Corro a preparar los caballos.
Mientras Cardoso se alejaba, eclipsándose entre los cactus para que no le viesen los bebedores, el maestro se acercó al agente del gobierno que se habÃa tumbado entre la hierba.
—Señor Calderón —dijo.