El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay EL GAUCHO RAMÓN
Cardoso esperaba en el lugar convenido, teniendo por la brida tres vigorosos caballos, elegidos entre los mejores que tenían los patagones en las sillas había colgado unos cuantos sacos de piel que contenían charqui y cierta cantidad de goma, no siendo prudente contar con la caza de la pradera, la cual podía faltar.
Nadie se había ocupado de él, tan borrachos estaban los patagones, entretenidos en vaciar los barriles, así que la evasión podía, al menos por el momento, efectuarse sin peligro.
Cuando apareció el maestro, seguido por el agente del gobierno, el bravo muchacho estaba ya montado dispuesto a emprender la marcha.
—Apresurémonos —dijo—. De un momento a otro puede llegar la retaguardia atraída por el tiroteo de los argentinos.
—Estamos dispuestos —respondió el maestro, montando—. ¿Tienes cargada la carabina?
—Sí, marinero.
—¿Y sus pistolas, señor Calderón?
El agente del gobierno hizo un signo afirmativo con la cabeza.
—En marcha, pues, y que Dios nos proteja.
