El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Estaba a doce millas de aquà cuando oà vuestro primer tiro. Imaginándome que habÃais sido atacados por los tehuls, me dirigà aquà a la carrera. He llegado un poco tarde; pero aún a tiempo, por lo que veo.
—Si tarda usted unos minutos más habÃamos caducado —dijo Cardoso—. La cabaña no hubiera resistido un largo asalto de esos demonios.
—¿Cree usted que volverán a la carga? —preguntó Diego.
—Sin duda —respondió el gaucho—. Conozco bien a los tehuls, y sé lo vengativos y tenaces que son en sus proyectos.
—¿PodrÃamos resistir un segundo asalto?
—No somos bastantes para aguantar el choque con todos esos salvajes, pero no los esperaremos.
—¿Trae usted caballos?
—No; pero traigo alguna cosa mejor. Traigo el globo.
—¿Nuestro globo?
—SÃ; lo encontré deshinchado a ocho kilómetros de aquà en medio de un matorral.
—¿Y dónde está?
—Lo he cargado en mi caballo, el cual no debe estar muy lejos.
—Pero ¿de qué nos servirá el globo si no tenemos gas para llenarlo? —preguntó Cardoso.