El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¿Y se va usted a entregar al furor de los patagones? ¡No; eso no lo permitiremos nunca! —exclamó el maestro.
—¡No; nunca! —confirmó Cardoso.
—Si ese es su temor, pueden tranquilizarse, amigos. Cuando ustedes se eleven yo pondré tal barrera delante de los patagones que no podrán perseguirme en muchos dÃas.
—ExplÃquese usted, Ramón.
—En seguida, maestro. Incendiaré la pradera, aprovechándome del pampero que sopla de levante, y me escaparé. Los patagones que acampan a Poniente se verán obligados a retirarse ante el mar de fuego, renunciando por buen plazo a la persecución.
—¿Y no nos volveremos a ver? —preguntó con pena el maestro.
—¿Adónde van ustedes?
—A Chile; ya se lo habÃamos dicho.
—También iré yo.
—¿Dónde nos podremos encontrar? Chile es muy grande.
—Fijemos una población.
—Le esperaremos en Nueva Concepción.
—¿Y el punto de cita?
—El Consulado del Paraguay, o en el muelle.