El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —Está bien; no faltaré, amigos. ¡Oh! Aquà llega el caballo. Vamos a descargar el globo e inflémoslo antes de que los patagones se reorganicen y vuelvan al ataque.
Por el otro lado del recinto llegaba el caballo del gaucho, cargado hasta el punto dé serle difÃcil andar. Diego, Cardoso y Ramón, después de recomendar al agente del gobierno que hiciese con todo cuidado su guardia, derribaron unos cuantos troncos de la empalizada e hicieron entrar al caballo.
El globo fue extendido en la hierba y examinado escrupulosamente para asegurarse de que no tenÃa ningún desgarrón. Afortunadamente, el fuerte tafetán de seda, a pesar dé tantas peripecias durante los vuelos, habÃa resistido maravillosamente y no ofrecÃa ningún roto. La red estaba intacta.
—No concluiré nunca de estar agradecido a este valiente aeróstato, que después de habernos traÃdo a tierra, nos salva de nuevo —dijo el maestro.
En la llanura se oyó en aquel momento un griterÃo que parecÃa aproximarse, acompañado de furiosos ladridos de perros. Ramón palideció.
—¡Acaso va a ser tarde! —murmuró.
—Esperemos emprender el vuelo antes de que lleguen —dijo Cardoso—. La hierba seca abunda en la estancia y en poco tiempo el globo estará inflado.