El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay —¡Alto ahÃ! —exclamó el gaucho disparando su trabuco sobre los más cercanos—. ¡De aquà no se pasa!
Seguro de no ser perseguido, volvió rápidamente con sus compañeros. El aeróstato, casi completamente inflado hacÃa esfuerzos para romper la cuerda que Je retenÃa prisionero y elevarse a las tempestuosas nubes.
—¿Están ustedes preparados? —preguntó el gaucho.
—No falta más que cortar la cuerda —respondió el agente del gobierno.
—De eso me encargo yo.
El gaucho trepó por el árbol más cercano y abrió su navaja tan afilada como una de afeitar. El agente del gobierno, Diego y Cardoso, pisotearon las hierbas que todavÃa ardÃan y cargando con las armas se encaramaron a la red.
—¡Ramón! —gritó Diego con voz conmovida—. ¡Le esperamos en Nueva Concepción!
—No faltaré, amigos. ¡Que Dios les proteja!
—¡Adiós, Ramón!
—¡Adiós, amigos!
El gaucho cortó la cuerda, que corrió rápida por el anillo, dejando libre el aeróstato.
—¡Agarrarse fuerte! —gritó Diego.