El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay Parecía que la operación iba a terminar sin incidentes a despecho de las furiosas rachas del pampero que sacudían horriblemente a] aeróstato, amenazando deshacerlo contra la estacada, cuando en la llanura estalló espantoso vocerío. Diego dio un verdadero rugido.
—¡Estamos perdidos! —exclamó.
—Todavía no —respondió el gaucho—. Encárguense ustedes del globo, que yo me encargaré de los patagones.
Arrancó dos manojos de hierba ardiendo y se precipitó fuera de la estancia.
Algunas bandas de patagones dando alaridos, dirigíanse al recinto. Sin duda a la claridad de los relámpagos habían visto al aeróstato e imaginándose que sus ex cautivos se preparaban a escaparse con la luna acudían para hacerlos prisioneros a todos juntos.
El gaucho, sin preocuparse mucho por su llegada, desparramó en un largo trayecto las hierbas encendidas, las cuales comunicaron el incendio a los cactus y cardos que crecían en gran abundancia y que estaban bastante secos. En pocos minutos, siete u ocho columnas de humo se alzaron aquí y allá y poco después una cortina de llamas inmensas se elevó chisporroteando e iluminando vivamente la noche.
Los patagones, que solamente distaban unos centenares de pasos de la estancia, se detuvieron de pronto, lanzando gritos de rabia.